
Es curioso. Después de 6 años siguiendo la misma rutina y tras haber experimentado en multitud de ocasiones el deseo de terminar para, precisamente, poder cambiar los hábitos, una (y tantos otros) nos percatamos de que tan sólo quedan dos meses y sentimos algo indescriptible.
Tras la sorpresa, llega la felicidad (“¡Oh! Ya seré médico”), e inmediatamente, el pánico “(¿¿¿QUÉ??? ¿¿¿MÉDICO??? ¿¿¿YO???”). “Sí, sí, tú”, ya que cuando comienzas algo en lo que al menos emplearás seis años de tu vida, no asumes con la suficiente convicción que los finales, sean cuales sean, siempre llegan. Y con ellos, los cambios (“¿Qué pasará después? ¿Qué haré? ¿A dónde se irán mis amigos? ¿Dónde acabaré yo?”) y la responsabilidad (“¿Lo haré bien o, al menos, no demasiado mal?”).
Una voz sabia siempre me ha dicho que esta carrera es como una maratón, un acopio resistencia y paciencia. Y sólo se puede hacer eso, continuar paso a paso discerniendo las respuestas a cada pregunta.
Ya lo decía Unamuno... “la vida es una nebulosa”.
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